Eivissa Clàssica
El Festival Eivissa Clàssica nace como un proyecto cultural impulsado con el apoyo del Ayuntamiento de Eivissa y patrocinadores privados, con el objetivo de poner en valor el talento musical de jóvenes profesionales ibicencos y contribuir a la desestacionalización cultural de la isla. Desde su inicio, el festival apuesta por la música de cámara, los espacios no convencionales, la creación contemporánea y la formación de nuevos públicos.
La primera edición en 2023 sentó las bases del proyecto con una programación diversa que combinó repertorio clásico y propuestas creativas, e incorporó ya el proyecto pedagógico Escolta a l’Escola, acercando la música clásica a centros educativos de la isla desde una perspectiva didáctica y cercana.
La segunda edición en 2024 consolidó el festival con una programación más amplia en distintos espacios emblemáticos de Eivissa, reforzando la interdisciplinariedad, la presencia de artistas locales con proyección exterior y el diálogo entre patrimonio, música y nuevas formas de escucha. Estrenando así una obra de Álvaro Rodríguez Cabezas o contando con artistas como ibicencos de proyección mundial como Rafael Adobas, acompañado por la bailarina Raquel Ortiz.
En 2025, el festival celebra su tercera edición, reafirmando su identidad artística y ampliando sus actividades formativas con la incorporación de una masterclass a cargo del consolidado quinteto de viento-metal Kambrass Quintet, junto a una programación que recorre distintos estilos y épocas, del barroco a la música contemporánea y sumando un concierto más a su programación. Esta edición tuvo un gran cierre con un último concierto protagonizado por la mundialmente conocida Lina Tur (violinista ibicenca), acompañada de Federico Cuevas (trompa) y Llorenç Prats.
Tras tres ediciones de crecimiento continuado, Eivissa Clàssica se encuentra actualmente trabajando en su cuarta edición, con la voluntad de seguir consolidándose como un referente cultural en Ibiza y de fortalecer el tejido musical y educativo de la isla.
La verdad es que la música, como todas las artes, ha llegado en este nuevo siglo a una amalgama de subgéneros y fusiones que hace difícil y quizá estéril establecer etiquetas más allá de lo necesario. Los espejos que se reflejan en otros espejos, y estos, a su vez, de nuevo en otros, son una metáfora perfecta de este fenómeno de diversidad que se vive en los últimos tiempos. La obra de un compositor no es más que el reflejo de todas sus influencias, un espejo que se refleja en otros espejos, en un bucle que se retroalimenta eternamente.
































